Todo aquello en lo que creemos crea una visión específica del mundo, y esa visión moldea nuestra vida. Cuando varias creencias se aplican a una misma situación, la más fuerte prevalece. Por eso a veces nos sorprendemos: estábamos convencidos de que algo ocurriría, y luego no ocurrió. Nuestros pensamientos dan lugar a nuestras creencias, y nuestros pensamientos nacen habitualmente de cómo interpretamos nuestras experiencias. La palabra “interpretación” es clave aquí, porque la verdad objetiva siempre debe ceder ante una lectura subjetiva de la situación.
Imagina un elefante. Uno de color rosa, justo delante de ti. ¿Cuál es la verdad objetiva? Quizás solo la clasificación zoológica del fenómeno. La primera persona formará la opinión de que algo así simplemente no puede existir, y por tanto debe de estar soñando. La segunda lo filtrará a través de una experiencia dolorosa del pasado y concluirá: “He bebido demasiado.” La tercera apreciará sus dones visionarios y dirá: “Esto es un símbolo importante: busquemos su significado.” La cuarta decidirá que debe estar en un programa de cámara oculta y que alguien le está gastando una broma.
Solo la primera persona mantiene una autoimagen positiva: es simplemente “una soñadora”, alguien que quizás tiene una imaginación demasiado desarrollada. La segunda, la tercera y la cuarta revelan un bajo sentido de la autoestima: una visión interior negativa de sí mismos. Y eso, lamentablemente, tiende a atraer eventos no deseados. Crea los cimientos de la insatisfacción y el malestar, y con el tiempo puede incluso contribuir a la enfermedad.
Cómo Reconocer tus Patrones de Pensamiento Disfuncionales
¿Cómo reconoces entonces tu propio patrón disfuncional? Por tus emociones: aparecen como señales que apuntan hacia lo que necesita sanación. Si una situación desencadena ira, arrepentimiento, dolor o tristeza, es una señal de que el asunto está tocando tu matriz interior dañada. Si no hay carga emocional, no hay nada que sanar: es simplemente una situación. Así de sencillo. No todo lo que vivimos o presenciamos nos afecta profundamente, y no todo momento difícil o desagradable es el reflejo de un patrón. El principio del espejo, del que tanto se habla, está profundamente arraigado en la emoción. Las emociones son el indicador más importante de dónde se encuentra el trabajo interior. Por eso aprender a reconocerlas es tan valioso.
Solemos conectar nuestros sentimientos con lo que sucede a nuestro alrededor. Parece como si la causa de nuestra frustración fuera algo externo: algo que alguien dijo o hizo, alguna circunstancia fuera de nuestro control. Pero cuando profundizamos un poco, a menudo descubrimos que el desencadenante externo está activando simplemente algo que ya estaba presente en nuestro interior. En los casos en que la situación no toca ninguna herida interior, no necesitamos sanar nada. Podemos simplemente ocuparnos de lo que tenemos delante y seguir adelante.
Cuando sí surgen las emociones, sin embargo, recibimos una señal: lo que acaba de suceder es una lección importante para nosotros. Este es nuestro espejo, que nos revela un tema significativo que necesita ser trabajado. Nuestro patrón interior funciona como un imán: atrae hacia nuestra realidad precisamente aquellas situación que nos muestran, de manera clara e inequívoca, lo que necesita ser abordado. Por eso se llama espejo: para que podamos vernos reflejados en el acontecimiento, escuchar el tono y las palabras, observar los gestos y acciones de la persona que nos devuelve un trozo de nosotros mismos. Exactamente ese trozo que está listo para ser sanado.
Jakub Qba Niegowski – Especialista en el Desarrollo de la Conciencia Extrasensorial





